EL RETO DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL FRENTE AL COVID-19

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Las empresas están adaptándose a la crisis económica ocasionada por el COVID-19. Pero, si las organizaciones más posicionadas que tienen un resguardo económico también han sido afectadas, ¿cómo enfrentará esta situación la población más vulnerable?

Fuente: Pixabay

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Según un estudio realizado por el INEI en la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) en el año 2019, en el Perú el índice de pobreza monetaria de la población es 20,2%. Es crítica la situación que muchas personas deben estar pasando en las tres regiones del país. Lamentablemente, el Estado no llega a suplir todas las necesidades de la Nación con la entrega de los bonos.

Nuestra sociedad política y económicamente democrática, tiene como característica la libertad de mercado. Dentro de la filosofía empresarial pueden elegir, según su identidad, ser sostenibles y socialmente responsables. Y de esta manera, apoyar financiera o materialmente a los sectores más necesitados.

Existe una guía que ayuda a las empresas en la gestión de la responsabilidad social. Se denomina ISO 26000, que define el término como “La responsabilidad de una organización respecto de los impactos de sus decisiones y actividades en la sociedad y el medio ambiente por medio de un comportamiento transparente y ético”.

Muchas de las empresas quieren demostrar que son sostenibles y responsables, pero en realidad, solo buscan generar que sus públicos los vean. Las organizaciones que  solo buscan ganancias están condenadas al fracaso. Una empresa está destinada a crear oportunidades para sí misma, para su entorno, para sus públicos y para la sociedad. Ante esta situación, se ve realmente quién solo vela por sus intereses y a quién realmente le importan los demás.

Una de las primeras instituciones que realizó una campaña social fue el Banco de Crédito del Perú, apoyado la iniciativa del Gobierno que ayuda a los más afectados por esta pandemia. El Gerente General Gianfranco Ferrari creó la iniciativa #YoMeSumo que recaudó S/126,328,717 entre personas naturales y empresas. Lo recuperado se empleó para adquirir material de prevención para los militares.

Un caso de cooperación de empresas, es la iniciativa “Bodega Segura” que es promulgada por la Municipalidad de Wanchaq (Cuzco) y la empresa Backus. Consiste en un plan de acción orientado a la protección de los negocios de los bodegueros, que les permitirá minimizar el riesgo de contaminación por COVID-19.  

La responsabilidad social no solo engloba la ayuda humanitaria, sino también la contribución a la sociedad practicando la sostenibilidad y desarrollo. El verdadero reto de las organizaciones frente a esta crisis es interiorizar el desarrollo sostenible dentro de sus procesos y políticas. Reconocer en lo que se es bueno y mediante ello, apoyar a los demás.

 

Por: Alejandra Zapata

 

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